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Empresa

  • Sostenible = Rentable = Responsable = Social, ¿funciona esta ecuación?

    La crisis sanitaria, económica y social generada por el Covid19 ha mostrado la flaqueza tanto del mundo desarrollado como del emergente. No es de extrañar que el Foro Económico Mundial, que comenzó hace 50 años como una plataforma para la colaboración entre el sector público y el privado, esté lanzando ahora la iniciativa "Great Reset". Se trata de un intento de adoptar un enfoque más holístico de la economía. De hecho, tenemos una pequeña franja de oportunidad para construir un mundo mejor. El profesor Muhammad Yunus, ganador del premio Nobel de la Paz, ha pedido que no se vuelva al “viejo mundo” sino que se construya un mundo nuevo que sea más justo y sostenible. Pero, ¿cómo pueden integrarse la sostenibilidad, la rentabilidad, la responsabilidad y la justicia social?; ¿Son fuerzas contradictorias y excluyentes o pueden ser integradas en nuestro comportamiento?; ¿Cómo adaptar nuestra manera de elegir o de decidir?; ¿Somos realmente capaces de construir un mundo mejor?; ¿Estamos dispuestos a cambiar nuestros hábitos de consumo en lo que respecta a la comida, la ropa o el transporte?

    Las Naciones Unidas están promoviendo los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y el sector bancario y las finanzas viven una revolución en la medida que aumenta la presión política (como el Acuerdo Verde Europeoy el Acuerdo de París) para conectar la capacidad de recibir créditos al cumplimiento de los valores máximos de emisión de dióxido de carbono, por poner un ejemplo. Las inversiones impulsadas por el medio ambiente, la sociedad y la gobernanza (ESG) se están convirtiendo en la nueva norma. La llamada “economía circular” es una nueva forma de consumir y producir que tiene como objetivo reducir los residuos.

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  • Pros y contras del aula digital

    El 13 de marzo el director del Executive MBA de la Escuela de Negocios IESE dijo en el campus de Munich: "A partir del lunes, las clases se impartirán digitalmente". Estaba presente como mentor de mi equipo. Como ha dicho el historiador Yuval Noah en una entrevista en la radio: "El hecho de que en muchas escuelas y universidades se hayan tenido que impartir las clases digitalmente de la noche a la mañana es una gran revolución social”. Algunas universidades, así como muchas empresas, ya tenían los planes en el cajón. No los consultores, sino COVID19 ha sido el gran acelerador del cambio digital. Algunos profesores ya estaban formados, otros tuvieron que hacerlo rápidamente.  

    ¿Qué se puede decir después de estos dos meses de experiencia? Por un lado, la solución de emergencia funcionó. Las clases no fallaron. La tecnología digital permite una participación activa limitada, el trabajo en grupo virtual es parcialmente posible y se pueden hacer preguntas de un modo remoto. Si la calificación depende también de la participación activa, los estudiantes la perciben como una posibilidad con restricciones.  

    Por otro lado, los estudiantes que han disfrutado de la presencia real notan que es una gran pérdida no poder seguir en contacto con sus compañeros y profesores. El contacto humano es crucial, dicen muchos. ”La oportunidad de conocer a profesionales de diferentes países, industrias y culturas es lo más emocionante del Executive MBA”, comentan. Bastantes profesores también afirman que impartir los Case Studies digitalmente requiere de mucho más trabajo. El guión de las lecciones tiene que ser ensayado con mucho más detalle. Aun así, los resultados no son malos. A veces son incluso paradójicamente mejores, pero eso depende mucho de la asignatura. Algunas materias son aptas, otras difícilmente. Hay profesores con experiencia en el aula virtual que la han abandonado diciendo que enseñar es mucho más que transmitir conocimientos. Enseñar es formar y eso requiere el trato humano, mirarse a los ojos, desarrollar aptitudes, algo difícil o casi imposible de alcanzar de una manera virtual. Es difícil transportar valores de manera virtual, casi tan difícil como educar a los propios hijos de un modo virtual.

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  • En la sociedad post pandemia necesitamos organizaciones Fénix y no unicornios

    La crisis económica causada por el coronavirus nos está haciendo replantear muchas cosas. Muchas organizaciones se van a ver obligadas por necesidad a cambiar su modelo de negocio. “Not macht erfinderisch”, la necesidad nos hace creativos, se dice en alemán. Es el momento de perder el miedo a reinventarse. Es la hora no sólo de permitir, sino de fomentar la creatividad.

    En los últimos años hemos oído mucho sobre las nuevas organizaciones unicornio. Es un término acuñado por Aileen Lee en 2013. Se trata de “start ups” con un gran poder disruptivo. Son empresas como Facebook, Amazon o Uber. Se caracterizan por su uso acertado de las redes sociales y de las nuevas tecnologías, por estar centradas en el cliente, por una expansión global acelerada, por su diversidad en sus equipos y por la incertidumbre con la que saben convivir. Son organizaciones de crecimiento exponencial y que no pocas veces viven a costa de los demás. Es decir, unos crecen y otros se hunden. Los inversores han ido últimamente a la caza y captura de los unicornios. ¿Cómo nos toca invertir en el futuro?, ¿qué criterios moderarán nuestros afanes filantrópicos?

    Durante estos días he estado siguiendo los cursos on line que ofrece IESE Business School. Pienso que esta debe ser la misión de las escuelas de negocio en estos meses de crisis: Dedicar recursos a asesorar a los antiguos alumnos y a toda la comunidad empresarial. Y esto supone divulgar de una manera generosa la ciencia de cómo afrontar esta crisis: asegurando liquidez, comunicando bien y definiendo nuevos escenarios de negocio. O, dicho de otro, modo reinventándose. Es la hora de dejar de lado estructuras de gobierno inútiles en este tipo de situaciones. De este modo el tejido empresarial, sobre todo las PYMES, se refuerza y se vuelve más dinámico y resiliente, y más apto a los cambios sistémicos y a un futuro impredecible.

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  • Ganadores y Perdedores del Virus Corona

    Screenshot 2020-03-17 at 11.18.09.pngAlgunas veces la realidad es más inimaginable que la ciencia ficción. Desde que la Canciller Alemana Angela Merkel habló el pasado once de marzo a los medios de comunicación junto al Ministro de Sanidad Jens Spahn, se acabaron las bromas sobre el virus corona. La Canciller apeló al sentido cívico y a la solidaridad para desacelerar la expansión de este virus y así descongestionar los servicios de sanidad y ganar tiempo. Citó a los expertos que anuncian un nivel de infección de la población entre un 60 y 70 por ciento. Un día más tarde confirmó la Canciller que se prohíben todas las asambleas de más de mil personas y se pide que se cancelen reuniones de menos de mil personas que no sean necesarias. El Ministro Jens Spahn, ya avisó hace unas semanas, que debemos reducir algunas actividades que nos parecen cotidianas e imprescindibles (asistir a un concierto, visitar parientes, etc). Así lo hemos experimentado todos dolorosamente. Los perdedores somos por lo tanto todos, a nivel personal, a nivel profesional y a nivel social.

    Ahora bien, también nos podemos preguntar cómo podemos gestionar esta crisis de manera inteligente. No es el momento de buscar culpables, aunque sí se puede poner en duda la política de información de algunos agentes. Al que no lo haya leído, le recomiendo la lectura del artículo de Tomas Pueyo: “Coronavirus: Why You Must Act Now – Politicians, Community Leaders and Business Leaders: What you should Do and When?”. Es más bien el momento de reorganizar nuestra agenda, de pensar lo que es verdaderamente importante, de ocuparnos de otras personas que están quizás en peor situación que nosotros.

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  • 50 años del Foro de Davos

    wef-2020-world-economic-forum-davos-759x500.jpgDurante esta semana se celebra en Davos (Suiza) la reunión anual del World Economic Forum, un evento de gran trascendencia al reunir a los principales líderes mundiales de las esferas política, económica y social. Debido a mi trabajo en la sede de Múnich del IESE Business School, he podido tratar más de cerca esta institución y el pasado 9 de octubre incluso pude conocer y conversar con su fundador y presidente, el catedrático Klaus Schwab, ingeniero alemán. El congreso celebra este año su 50ª edición, bajo el lema “Stakeholders for a cohesive and sustainable world”.

    Siempre llaman la atención las iniciativas que nacen pequeñas y que, posteriormente, van creciendo de un modo orgánico y natural por estar bien pensadas. La idea de Klaus Schwab consiste en que algunos problemas mundiales son de tal envergadura, que se necesita de la ayuda y de la participación de muchos para resolverlos, de tal modo que no solo unos pocos se beneficien de la solución sino muchos, cuantos más mejor. Estamos hablando de asuntos como la conservación de la naturaleza, la desigualdad en el reparto de la riqueza, la injusticia social, la discriminación o la paz, entre otros. Para esto se le ocurrió crear una plataforma de diálogo, cooperación y colaboración pública y privada en la que no solo participan los jefes de Gobierno de muchos países, sino también los máximos ejecutivos de grandes empresas, los mil CEOs más importantes de todo el mundo.

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