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  • El castillo Weissenstein, donde la música une culturas

    Pressebild.JPGMi educación musical no dio mucho de si: un poco de flauta dulce y un poco de guitarra cuando cursaba Educación General Básica. En Alemania se presta más atención a la educación musical ya que también es una buena manera de forjar el carácter de una persona.

    Este verano fui invitado por el conde y la condesa de Schönborn a un concierto en el castillo Weissenstein que está localizado en Pommersfelden, un pueblo al que es muy fácil acceder desde una de la autopistas que comunican el norte con el sur de Alemania. El castillo fue construido por un antepasado de la familia, Lothar Franz von Schönborn, entre 1711 y 1718, que gobernaba como Príncipe-Obispo de Bamberg y Príncipe de Mainz (Maguncia). Gracias a una donación del Emperador Carlos VI pudo construir así su residencia de verano. Se trata de uno de los castillos mejor conservados de Alemania pues sólo fue asaltado una vez por las tropas prusianas.

    Desde 1958, cada año tienen lugar conciertos de verano en el castillo (www.collegium-musicum.info). La iniciativa proviene del Conde Karl de Schönborn-Wiesentheid, que invitaba cada año a músicos jóvenes (entre 18 y 28 años) a solicitar la participación en esta academia de verano. Los que son seleccionados tienen todos los costes pagados. La idea de fondo era  fomentar el entendimiento entre las naciones. Cuando un judío y un palestino, o un turco con un armenio, forman parte de la misma orquesta, crecen los lazos entre pueblos aparentemente incompatibles. Cuando van pasando los días va creciendo la amistad entre los músicos, por ejemplo a propósito de las excursiones que desde ahí realizan a Nürnberg o Bamberg.

    Los jóvenes músicos son asesorados por conocidos directores y profesores de música. Este entrenamiento supone una preparación para la vida profesional y es una buena manera de descubrir brillantes talentos que luego tocarán en las grandes orquestas europeas y mundiales.

    El que tiene la oportunidad de participar en uno de estos conciertos se siente transportado al mundo barroco. El entorno del castillo invita a la imaginación a desatascarse. En la comida y en la sobremesa tuve la oportunidad de conocer a algunos miembros de la familia del conde y de la condesa, que me sorprendieron gratamente hablando conmigo castellano con gran soltura. Antes del concierto pudimos visitar las dependencias del castillo en compañía del conde Paul von Schönborn, que sigue con es tradición de la familia organizando estos conciertos.

    Más tarde, a las ocho y media, empezaba el siguiente concierto – al que ya no puede asistir –con los jóvenes músicos en el patio del castillo, acompañado por fuegos artificiales. En definitiva, todo un ensueño, mucho más bello que el mundo virtual de la red en el que nos movemos hoy en día y que muchas veces distorsiona la belleza y lo real. He aquí uno de los desafíos culturales de nuestros días. Unificar de nuevo la belleza, la bondad y la verdad. Estas tres manifestaciones del ser tienen una interdependencia. Lo bello nos lleva a lo bueno, lo bueno nos lleva a lo verdadero y lo verdadero es bello. No es fácil pensar en estas categorías metafísicas hoy en día, pero tampoco es imposible.