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  • Alemania ¿en guerra?

    zu gutenberg.jpegFue durante el Gobierno del canciller Gerhard Schröder, precisamente con la coalición de los socialistas y los verdes, cuando Alemania se vio involucrada, con el consentimiento del Bundestag (el Parlamento alemán), en la guerra de Afganistán. Después de la II Guerra Mundial Alemania sólo venía participando en misiones militares para garantizar y para establecer la paz, aunque este término pueda parecer contradictorio.

     

    De hecho, en estas zonas tan conflictivas, las acciones militares sólo se pueden considerar como un método para ganar tiempo y como apoyo para resolver los verdaderos problemas de fondo: la reconstrucción de las infrastructuras destrozadas por la guerra, el reestablecimiento de las actividades educativas, del comercio y de la seguridad controlada por la policía local.

     

    El nuevo ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, ha viajado recientemente a Afganistán y ha declarado que comprende que los soldados alemanes estacionados allí hablen de "guerra": "independientemente de si soy atacado, herido o asesinado por un terrorista talibán o por las fuerzas militares extranjeras".

     

    Guido Westerwelle, el nuevo Vicecanciller y ministro de Asuntos Exteriores alemán – con el que por cierto me he topado esta mañana en el bosque de Colonia mientras hacía jogging en compañía de un amigo y de su guardaespaldas –, declaró hace pocos días a propósito del comentario de su colega zu Guttenberg que "tenemos que mirar a los ojos de los cuidadanos y decirles honestamente cuál es la situación. Conjuntamente con nuestros aliados queremos ponernos objetivos realistas y describir el camino de cómo podemos conseguir la seguridad autónoma en Afganistán".

     

    El pasado 4 de noviembre tuve la oportunidad de conocer a la joven periodista pakistaní Meera Jamal en el Club de Prensa de Colonia. Se ha fugado de Pakistán después de escribir un artículo sobre los derechos de la mujer, de los niños y de las minorías en su país. Recibió muchas amenazas anónimas tras publicar su artículo sobre las escuelas del Corán que ella define como "sitios en los que te dan de comer bien y te comen el coco".

     

    Con la ayuda de Reporteros Sin Fronteras ha conseguido trasladar su residencia a Alemania. Jamal comentó que un 60% de la población en Pakistán está ocupada con la supervivencia y que, por lo tanto, poco se ocupa de la política. Es cierto, afirmó, que detrás de algunas bombas suicidas está la motivación desesperada de la promesa de un desembolso económico para la familia del suicida. El ejército controla el país. Concretamente, con cada ascenso, se asigna una parcela de terreno a los militares. El talibán persigue a los periodistas intelectuales que investigan bien. Jamal manifestó su admiración por los abogados de su país que hicieron una manisfestación por la libertad de derechos recorriendo 400 kilómetros.

     

    En la clasificación de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, Pakistán se encuentra en el lugar 152 de 173 países. Ya son tres los periodistas asesinados este año y siete fueron asesinados el año anterior. Jamal comentó, por ejemplo, que los mensajes cortos de los móviles están vigilados y que las bromas sobre el Gobierno pueden acabar en cinco años de prisión.

     

    Los blogueros y los usuarios de Twitter, sobre todo con la ayuda del acceso al móvil, están contribuyendo a diseminar informaciones más difíciles de censurar por el Gobierno. Es de esperar que esto contribuya a un cambio, que desgraciadamente será lento. Según el pronóstico de Jamal, ganará la guerra el que reciba más dinero.